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Virtud viene del latín
vir, que significa fuerza, e incluye todo aquello
que perfecciona a la persona. En sentido práctico,
podemos definirla como un hábito operativo bueno,
como una disposición estable en el individuo para
la acción, como fuente de la riqueza espiritual
y perfección del hombre que la práctica.
En esta repetición de actos, lo más importante
es que hacen ser más y obrar mejor; que potencian
y engrandecen la capacidad de actuar, que facilitan el
uso correcto de la libertad.
El ser humano, formado por
cuerpo y espíritu en una unidad sustancial, se
ve sometido constantemente a impulsos que tiran de él
en direcciones opuestas: por un lado, su parte material
o sensible lo inclina fuertemente a la obtención
de los bienes materiales; y por otro, su razón
y su voluntad lo llevan a la búsqueda de la verdad
y del bien.
Las virtudes actuán
como un principio de unidad que permite al hombre integrar
razón y sentimientos de modo que ambos converjan
en un justo medio, subordinando las tendencias inferiores
a los dicado sde la razón. Cuando esta persona
carece de este mando unificador, puede fácilmente
absolutizar el aspecto sensible de la realidad que es
el más inmediato y gratificante a corto plazo,
pero que llevaen sí mismo el germen del descontrol
y la dispersión cuando se le abadona a su propio
juego. Aunque la sensibliza es la que permite disfrutar
de la realidad viva y presente, es la razón la
que está diseñada para dirigir al accionar
humano.
Las virtudes, más
que la mera repetición mecánica y rutinaria
de actitudes y comportamientos, son la presencia activa
de la inteligencia y de la voluntad para conseguir, en
cada momento, la verdad y la bondad.
La virtud no es algo mecánico:
más que de una mera repetición monótona,
surge de la reiteración de actos cada vez más
intensos, más vivos, más humanos, nacidos
de un amor, más hondo y más jugoso. Si no
es así, si no crece incesantemente, la virtud se
estanca, languidece y muere... o degenera en manía.
Las virtudes son lo máximo
a lo que puede aspirar el hombre, ya que permiten la suprema
realización de las posibilidades humanas en su
aspecto natural. El hombre virtuoso será, por tanto,
aquel que realiza el bien obedeciendo a sus inclinaciones
más íntimas.
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